El Milagro del Milagro


Tierra de dulzura infinita, hecha de mito y de leyenda donde se mezcla la fantasía con la realidad, porque todo es ilusorio y maravilloso en nuestra ciudad, igual debieron de ser sus orígenes; es asombroso observar sus mañanas solariegas donde el sol madruga a alumbrar la tenue oscuridad del rio y del estero, donde su pincel clorofílico pinta de verdes las bellas plantas incluidos los grandes cañaverales y la encantadora piña símbolo del carácter del milagreño dulce, alegre, dicharachero, amoroso y bohemio.
Tierra de asombro donde el trajinar de las maquinas del ingenio nos despierta en medio del pito y la algarabía de la gente que va al trabajo, donde el trapiche muele la caña hasta convertirla en azúcar mientras el bagazo se transforma en luz que ilumina nuestras noches de ensueño.
Ciudad linda y prodigiosa que nace de la tierra como semilla que es en fin de cuentas lo que origina el fruto que da la vida a la hierba, el árbol que se funden con el río, el estero, el sol, el agua, el fuego, el cielo, el aire. ¿Qué más podemos pedir? Si todos gozamos de inteligencia para hacer transformar este Milagro que es para nosotros como el cielo para los ángeles, porque en ella podemos orar, amar, trabajar, estudiar, hacer política, criar hijos. ¿Qué otras cosas más se pueden hacer en otras partes que no se pueda hacer en esta tierra bendita?
Milagreños somos los que hemos nacido y quienes la quieren ver mejor, quienes la hicieron recinto, parroquia, cantón, capital de región y quienes la harán provincia. Loor a los Chirijos, los Seminario, los Chiriguaya, los Andrade, los Espín, los Vásquez, los Cobos, los Heras, los Enríquez, los Acuña, etc., etc., para quienes lucharon por la causa de Alfaro, para quienes lo elevaron hasta el puesto de segundo cantón de la provincia y a la decima tercera ciudad más poblada del Ecuador.
Loor al Milagro de las Universidades, de los obreros, de los campesinos, de los comerciantes, de los industriales, de los vendedores ambulantes, los que hacen patria trabajando honradamente todos los días y los que ven la política como el arte de servir al pueblo para sacarlo de la pobreza y la miseria.
Milagro aquí estamos vivos para venerarte y para exigir que a tu futuro nadie le arrebate tu progreso, todos somos transeúntes y todos tenemos la obligación de luchar por tu desarrollo y exigir que quienes manejan los bienes públicos lo hagan con honradez, sabiduría y pulcritud. Que viva Milagro que yo regresare a verla en su nuevo siglo, cuando un nuevo vientre me engendre, ahí estaré.

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